Trabajar a cuatro manos con el cliente
Durante años hicimos lo que hace todo el mundo: desaparecer tres semanas y volver con tres propuestas. El cliente elegía una, casi siempre la del medio, y luego empezaba la parte que de verdad decide un proyecto: las revisiones. Ahí es donde se perdía todo lo bueno.
Menos teatro, más mesa
Ahora trabajamos en sesiones. El cliente ve el sistema construirse, entiende por qué una decisión lleva a la siguiente y, sobre todo, participa en las que le corresponden: las que tienen que ver con su negocio, no con la tipografía. Las revisiones se vuelven cortas porque ya no hay sorpresas que digerir.
La gran presentación impresiona una tarde. La sesión de trabajo convence durante todo el proyecto.
— Sors
Exige algo del cliente: tiempo real, decisiones a la vista y la disposición a cambiar de opinión delante de otros. No todos quieren. Con los que sí, el trabajo sale mejor y sale antes.